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ATENCO SOMOS TODOS

ENFRENTARME A LO IRREMEDIABLE

 
 
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Siempre me ha irritado la ceguera con la que los padres juzgan a sus hijos, y he presumido de amar lucidamente a los míos. No necesité pensar que mi Pedro era un pequeño Einstein cuando se comía un cuarto de lápiz antes de acabar una división, ni creí que mi Juan fuera un ser lleno de sensibilidad porque se quedaba lívido si le mandaban leer un haiku, ni consideré que mi María tuviera cualidades de futuro premio Nobel de Medicina cuando contemplaba sin pestañear los sufrimientos ajenos.
No creía haber hecho una excepción con mis nietos, y mucho menos con Raúl, que nunca fue un buen estudiante, pero se esforzaba en llevar los cuadernos limpios, los libros sin manchas, y era elegido para mantener el orden cuando los profesores salían un momento del aula:
- No sé cómo lo hace: cuando se queda él, los niños están más callados que cuando está el profesor - nos contó el director.
Debería de haberme alertado el hecho de que nunca vinieran sus amigos a casa. Mientras que los cumpleaños de mis otros nietos me inspiraban un profundo sentimiento de comprensión hacia Herodes, en sus cumpleaños todos los invitados éramos adultos de la familia.
-¿Por qué no invitas a tus amigos?
-¿Invitarlos? ¿Para qué?
-No sé... ¿no te apetece que vengan a tu fiesta?
-Es mi fiesta, no la suya.
-Ah, bueno, como quieras... ¿Y no te aburrirás sin nadie de tu edad para jugar?
-Ya juego en la escuela con ellos...

Creció sin amigos, solitario, esquinado, insociable, y su única pasión era el kárate, las películas de superheroes, con cincuenta mil puñetazos, tiros y palizas, que observaba en el video con expresión de felicidad.
Me dijo su madre varias veces:
-Este nene es raro.
-Es la edad...-
le contestaba yo.
Hace dos años se compró un saco, lo llenó de arena, lo colgó en la terraza, y se dedicó a darle puñetazos y patadas durante horas. Luego se duchaba, y se iba al gimnasio.
Su padre le prohibió llevar gafas con cristales de espejo en casa:
-Sólo me faltaba eso, que no sepa cuando me estás mirando. Aquí, en casa, no te hacen falta, que no hay sol.
Empezó a decir que le dolía la cabeza, y que no veía bien, que tenía fotofobia.
Su madre lo llevó a la óptica, y no paró hasta que consiguió una de esas gafas que se oscurecen con la luz.
Y cuando hablaba por teléfono con sus padres no había vez que no escuchara cómo descolgaba el supletorio para enterarse de nuestra conversación.
-¡Raúl, cuelga, no seas cotilla! -decíamos, tomándolo a chunga.
Hubo un momento en que se empezaron a preocupar, porque lo sorprendieron varias veces siguiendo a sus padres. Varios días me siguió a mí.
-Raúl, dime por qué me sigues.
- Hoy, por ejemplo: ¿sabes la cantidad de veces que has dado ocasión a cualquiera de quitarte el bolso? Y si hubieran querido cortarte el cuello, también. Nunca miras a ver quien se acerca a tí por detrás... No te das cuenta de...
-Me he dado cuenta de que me has seguido varios días: y te he preguntado que por qué, y aún no me has contestado.
-Estaba comprobando que eres una víctima perfecta para atracarte.
-¡Vaya bobada! ¿No tienes otra cosa que hacer?

Iba con gente muy rara, muy rara. Su actitud era muy fría, indiferente hacia todo lo que conmoviera o preocupara a cualquiera. Se relacionaba lo imprescindible, y cuando no tenía más remedio que coincidir, se comportaba con una frialdad extrema.
-Este niño me da escalofríos -decía su padre- parece un psicópata.
Su madre empezó a registrarle su ropa, a mirarle los cajones de su mesa de estudio. Y nos dijo:
-Yo creo que se droga o algo...
-¡Venga, ese caracter es cosa de la edad!
-contesté yo- Ya no te acuerdas de la época que te dió por la espeleología y...
-Ya, pero es que él parece que está acorchado, como si tuviera anestesia en las emociones...
-Si, bueno, siempre ha sido así ¿no?

Y hace un año, nos tuvimos que enfrentar a lo irremediable.
Acabamos por aceptar la verdad, y ha sido un calvario, que no deseo a nadie. Ni siquiera supimos cómo reaccionar, y hubo lágrimas, amenazas, chantajes; pero al final nos rendimos. No tuvimos más remedio que aceptar que era mayor y no podíamos impedirlo. Me ha costado hacerme a la idea, y hubiera preferido haberme muerto antes que verlo así.
Mi nieto Raúl es de esos que van pateando gente indefensa en las manifestaciones pacíficas. Es policía.
 
Gatopardo  
 
 
 actuación de la policía española contra
la sentada pacífica por una vivienda digna, con el Gobierno de Rodríguez Zapatero,
del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)
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